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Una pausa en Berlin para aprender a mirar la historia de frente

  • Foto del escritor: Comunication La Condamine
    Comunication La Condamine
  • 29 abr
  • 2 Min. de lectura

Berlín nos ha recibido como se abre un viejo libro cuyas páginas aún están calientes. Guten Tag, Berlin. Solo estamos de paso, casi de manera furtiva, pero hay lugares que no se visitan… se sienten.

Esta mañana caminamos a lo largo de los restos del muro. Die Mauer. Una palabra seca, dura, como el hormigón que la sostenía. Y, sin embargo, bajo nuestros pasos ya no era solo un muro: era una cicatriz. Una línea que separó vidas, familias, sueños. Hoy todavía susurra: Nie wieder — nunca más.

Después, casi en silencio, llegamos al monumento del Holocausto. Allí ya no hay palabras fáciles. Bloques de piedra, fríos, alineados como un mar inmóvil. Uno se pierde un poco, casi a propósito. Como para intentar comprender, a nuestra escala, lo que significa perderse en la Historia. Algunos alumnos levantaron la mirada, otros la bajaron. Cada uno encontró su manera de decir recuerdo, souvenir, memory.

Berlín es extraña. No intenta ser hermosa. Es verdadera. A veces brutal. Pero profundamente viva. En esta capital nacieron tantas ideas, murieron tantas esperanzas, se rompieron tantas ilusiones… y, sin embargo, volvieron a surgir de otra manera. Aquí la política mostró su lado más oscuro… pero también sus promesas más luminosas. Freiheit, libertad. Una palabra que ya no se pronuncia igual después de haber estado aquí.

No nos quedaremos mucho tiempo. Solo el tiempo de un suspiro. Pero quizá sea suficiente para dejar una huella — discreta, pero sincera.

Ecuatorianos a la conquista del mundo, escúchenme bien: viajar no es solo ver. Es llevar dentro de uno los lugares que atraviesa. Y hoy, nos llevamos Berlín con nosotros.

Mañana estaremos en otro lugar. Pero esta noche, en algún punto entre el pasado y el futuro, podemos decir en voz baja: Danke, Berlin..









 
 
 

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